Teoría de la agencia aplicada a la “nueva política” que ha llegado

@PCerveraRuiz

Las empresas son gestionadas por directivos que bien pueden tener intereses diferentes de los de los propietario de las empresas (accionistas-partícipes). La gestión pública es operada por gestores, liderados por políticos que deben a los propietarios de esas cosas públicas el mandato. Tampoco sus intereses son exactamente coincidentes.

Alrededor de la propiedad y la gestión de la empresa se ha escrito mucho. La mejor reflexión sobre ambas visiones esté contenida en el famoso artículo sobre la  “Teoría de la firma (…)”[1] de Jensen y Meckling. En él se analiza cómo la propiedad de la empresa debe delegar en administradores profesionales la gestión de la misma y cómo a partir de ese momento los intereses de ambas partes pueden ser contrapuestos. El control del gestor de la empresa, el directivo, que es parte integrante del “contrato de agencia” que suscribe con la propiedad, es la pieza central de la teoría que se desarrolla posteriormente. Este artículo incluye, no obstante, grandes reflexiones que muchas veces hemos considerado obvias y que, dada su recurrencia en cualquier tamaño y condición empresarial, nunca revisamos sino en clave práctica.

La tendencia de gestor de la empresa a orientarse hacia el corto plazo (sobre todo en mediana empresa) en contraposición a propietarios que representan diferentes generaciones de accionistas es un ejemplo concreto de situación de tensión muy habitual, como podría ser la obsesión por obtener retorno aún a costa de descapitalizar la empresa de determinados perfiles de accionistas, inseguros de su posición frente al resto. Otro los casos más populares de problema de agencia es la tendencia megalomaníaca de determinados directivos (en gran empresa), centrados en engrandecer el proyecto hasta la bancarrota si es necesario, dada su escasa exposición inversora y positiva correlación entre tamaño de la empresa y prestigio profesional. Los problemas de agencia y sus costes, que son en los que se incurre para controlar al directivo no propietario son el principal entregable del artículo que cito abajo.

Nos preguntábamos qué puede pasar ahora con “la nueva política” creada a partir de estos comiciones autonómicos y , sobre todo, municipales. Qué ha pasado hasta ahora ya se ha analizado de sobra en el último año.

Cabe imaginar que los nuevos gestores sientan la necesidad de innovar y ofrecer logros a corto plazo. Estos , por ese carácter de urgencia, serán de reducida dimensión real y gran sonoridad. Muchas de las medidas anunciada son relativamente obvias, otras no posibles y un pequeño grupo susceptibles de ver como utópicas.

Da la impresión que el resultado , la meta queda lejos y sobre todo que se ve lejano por los propios “prometedores”. He ahí el problema o quizás la solución.

El camino, lleno de gestos, folclore, quizás errores o quizás aciertos, es la meta para unos gestores que sólo aspiran al corto plazo. La separación de propiedad (pueblo soberano) y gestores no es mayor en esta nueva oleada cuyos protagonistas pueden ser vistos en muchos casos como aficionados (incluso muy bienintencionados) que la anterior, pero sí lo es el plazo del mandato y el posible hacia un resultado real.

Imaginemos un directivo que promete incrementar las ventas al 300%. O miente y truca las medidas o falla. Me preocupa que mientan y truquen para ofrecer en los medios resultados. Sólo eso y que rompan algo.

 

 


[1] Jensen, Michael C. and Meckling, William H., Theory of the Firm: Managerial Behavior, Agency Costs and Ownership Structure (July 1, 1976). Michael C. Jensen, Journal of Financial Economics (JFE), Vol. 3, No. 4, 1976. [Disponible en SSRN: http://ssrn.com/abstract=94043]

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